Tablas de Daimiel y Motilla del Azuer

Itinerario del viaje
Motilla del Azuer
Motilla del Azuer

Este viaje a las Tablas de Daimiel y la Motilla del Azuer en autocaravana llevaba intentando hacerlo hace varios meses. No por las Tablas de Daimiel de las que tengo que reconocer que tenía un prejucio sobre su atractivo (en este viaje me ha dado una cura de humildad), sino por visitar la Motilla del Azuer.

Ahora que he conseguido visitarla tengo que decir que se ha pasado a estar en el top 3 de mis yacimientos arqueológicos preferidos en España: pura magia.

Día 1 – Viaje de ida

Salimos de Madrid sin mucha prisa, el destino de este fin de semana no estaba muy lejos. Llevábamos el depósito de agua vacío y necesitabamos hacer una parada técnica por el camino para poder llenar de agua. Puerto Lápice nos pillaba de camino y aprovechamos para llenar de agua en su área de autocaravanas. Es pequeñita pero esta bien nivelada y con todos los servicios gratuitos (excepto luz).

Continuamos nuestro camino hacia Daimiel. Para pasar la primera noche teníamos dos opciones en mente: el aparcamiento del Molino del Molemocho, que está a 600 m del acceso al Parque Natural de las Tablas de Daimiel o el aparcamiento del yacimiento de Calatrava la Vieja.

Me atraía la idea de dormir junto a un castillo templario pero como al día siguiente queríamos visitar las Tablas de Daimiel, primero probaríamos en el aparcamiento del molino, y en caso de no poder pernoctar ahí iriamos a Calatrava la Vieja.

Llegamos al centro de visitantes del Parque Natural de las Tablas de Daimiel ya sin luz. Según llegamos vimos un aparcamiento muy bien preparado pero con muchas señales que nos recordaban que estaba prohibido pernoctar. Dimos la vuelta y cuando ya estabamos poniendo rumbo a Calatrava la Vieja vimos el aparcamiento del Molino del Molemocho y el espacio reservado para la pernocta de autocaravanas. Es un lugar con piso de grava, bastante bien nivelado y sin servicios. Aparcamos y nos dispusimos a cenar y pasar una tranquila noche junto a las Tablas de Daimiel.

Día 2 – Tablas de Daimiel y Almagro

Tablas de Daimiel

Nos levantamos pronto después de una noche muy tranquila. En esta ocasión no hizo falta que sonara el despertador, de vez en cuando unas rachas fuertes de viento mecían suavemente la Bicha e hizo que nos despertaramos poco a poco.

Preparamos un desayuno con tostadas y algo de fruta, nos pusimos las botas de treking y nos abrigamos bien (el viento venía bastante frio y sin ningun obstaculo que lo frenara en la estepa manchega) y nos dispusimos a visitar el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.

Tengo que reconocer que esta parte de la Mancha es un territorio que a priori no nos llamaba mucho la atención. Nos gustan mucho las zonas naturales con mucha arboleda y esto hacía que prejuzgaramos de forma negativa este territorio. En nuestra imaginación las Tablas de Daimiel eran una especie de pantano fanganoso, de agua estancada y lleno de juncos. Esto unido a la sequia y el bajo nivel de agua que escuchabamos afectaban al parque en los últimos años hacía que fueramos con una idea muy equivocada como comprobaríamos esa misma mañana.

Al llegar al centro de visitantes pedimos información y nos explicaron que había tres rutas. Decidimos que haríamos dos, la amarilla que es la más icónica del parque y que pasa por la famosa Isla del Pan, luego haríamos la ruta roja que llegaba hasta la laguna pernamente del parque, y desde donde hay unos observatorios de aves muy interesantes, pero para los que tienes que llevar prismáticos si los quieres disfrutar.

El paseo por la isla del Pan fue precioso y muy agradable. Las aves que observas durante el trayecto son impresionantes, eso sí, sin primáticos las visita quedaría muy deslucida, es altamente recomendable llevar unos si visitas las Tablas de Daimiel.
El agua se ve muy pura y transparente, se nota que son regadas por los manantiales del rio Guadiana. Los famosos ojos del Guadiana, ahora secos, están a pocos kilómetros de allí.

Nos fuimos de las Tablas de Daimiel con una idea muy distinta de la que teníamos antes de ir y una lección aprendida. En la Península Ibérica hay una variedad enorme de paisajes y climas, y todos tienen su propio encanto.

Almagro
Después de pasar casi toda la mañana en las Tablas nos montamos en la Bicha para ir hacia Almagro. A las 16:15 había una visita teatralizada al Corral de Comedias de Almagro y queríamos llegar con tiempo para poder comprar las entradas.

De camino a Almagro estabamos atentos por si veíamos un lugar donde parar a comer. Llevabamos comida preparada en al nevera, solo teníamos que calentar y comer. Por lo que lo que más nos interesaba era ver un sitio agradable donde hacer la parada técnica. Al salir de las Tablas estuve tentado de ir a Calatrava la Vieja a comer a los pies del castillo templario (así soy yo), pero poniendole un poco de cabeza asumimos que el desvío que teníamos que hacer no compensaba, y que probablemente no llegaríamos a tiempo de ver la representación.

Finalmente a pocos kilómetros de llegar a Almagro vimos un cartel que indicaba el Santuario de Nuestra Señora de las Nieves, además se identificaba claramente el lugar porque el pinar que rodea el santuario descataba en el paisaje manchego. Acabamos comiendo junto a la plaza de toros que hay junto al santuario, con un sol invernal muy reconfortante y que cargó las baterias de la Bicha al 100%.

Llegamos a Almagro como a las 15:40, con tiempo para ir de forma relajada hasta la Plaza Mayor y adquirir las entradas. Aparcamos en junto a la estación de autobuses, en un aparcamiento con bastante espacio donde había un compañero ya estacionado. Puedes ver el punto en el mapa de ruta.

Según nos íbamos acercando a la plaza escuchabamos el inconfundible sonido de una prueba de audio de lo que parecía una orquesta. Al acercarnos confirmamos nuestra teoría, estábamos en pleno carnaval y en la plaza del pueblo establan preparando en el escenario el equipo de sonido de una orquesta, esa misma tarde iba a haber un desfile de carnaval: el plan del día se nos completaba con bastante ambiente de forma no planificada.

A las 16:15 entramos al corral, que nos pareció muy recogido, pero muy bonito. La actuación es muy recomendable. Los actores lo hacen muy bien, se nota que les gusta lo que hacen, y es bastante divertido. Sin darte cuenta durante la representación y camuflada en la trama te van contando la historia del propio corral (narrado por el inconfundible Fernando Fernán Gómez, que en paz descanse) y las partes del mismo, así como se distribuía la sociedad de la época en las distintas zonas.

Martín iba con el típico excepticismo de los niños cuando le llevas a un sitio que consideran aburrido. Cuando comenzó la actuación intercambiaba miradas comigo forzando una cada de «aburrimiento», pero a mitad de la actuación no podía evitar una media sonrisa en la cara, aunque no entendiera mucho de los chistes.

El Corral de Comedias de Almagro es conocido en todo el mundo por ser el único que permanece activo tal y como era hace casi cuatrocientos años. Está situado en la Plaza Mayor de Almagro y debe su construcción a Leonardo de Oviedo, presbítero de la Iglesia de San Bartolomé el Viejo de Almagro. En 1628, don Leonardo de Oviedo pidió permiso al Ayuntamiento para la edificación del corral en el patio del mesón del toro. Invirtió en la construcción más de cinco mil ducados, una auténtica fortuna de la época. En su origen el corral de comedias ocupaba una superficie de 622 m, algo más del doble de lo que se conserva en la actualidad.

Al salir de la visita nos encontramos que en la plaza empezaba a haber mucho movimiento. Iba a empezar en breve un pasacalles con los grupos que habían participado en el concurso de disfraces. Aprovechamos antes de que todo empezara para dar una vuelta por el centro de Almagro antes de sentarnos a disfrutar el ambiente carnavalero. La fiesta estaba amenizada por el grupo musical Ares («la diosa de la Verbena», como ellos mismo dicen), que aunque cantar cantaban poco (eran más de animar al personal para que cantara), si que dinamizó bastante la fiesta hasta que empezó a llover y se dispersó todo el mundo buscando refugio.

Nosotros aprovechamos el momento para pasar a buscar un poco de agua y algo para la cena en el Mercadona y partimos hacia el área de autocaravanas de Daimiel. Al día siguiente tocaba madrugar, teníamos a las 9:30 reservada la visita guiada a la Motilla del Azuer, que era lo que nos había llevado a hacer este viaje por esta zona de La Mancha.

Día 3 – Motilla del Azuer y Daimiel

El área de autocaravanas de Daimiel no es muy grande pero tiene todos los servicios básicos gratuitos. Está bien nivelada, pero nosotros sacamos los calzos para dejar la autocaravana totalmente nivelada. Siempre que podemos lo hacemos, dormimos mejor y además es mucho más cómodo para ducharse, el agua sale perfectamente por los desagües de la ducha. Aunque sea un área muy cerca del núcleo urbano la noche fue muy tranquila y dormimos muy bien.

Motilla del Azuer

El toque de diana ese domingo sonó pronto. A las 7:45 ya estabamos en pie ya que a las 9:15 teníamos que estar en el Museo Comarcal de Daimiel que se encuentra a algo más de 1 Km del área de autocaravanas.

Las entradas a la visita de la Motilla del Azuer son 7€ por persona y es muy recomendable. Como decía la visita comienza en el Museo Comarcal de Daimiel, como fuimos con 15 minutos de margen antes del inicio de la visita en el propio museo te dejan que hagas tiempo visitando dos salas dedicadas a personajes ilustres de Daimiel: la colección pictórica y de escultura de Juan D’OPazo y el coleccionista de cerámica Vicente Carranza.

A mi personalmente lo único que me llamó la antención fue la colección de cerámicas, con muchas piezas de ceramica del taller de Talavera de la Reina y algo muy curioso que no conocía, otras eran del Taller de Lisboa que por lo que indicaban en la exposición se formó en un periodo histórico en el que Portugal pertenecía al reino de España. Todos los días se aprende algo nuevo.

La visita a la Motilla del Azuer comienza con una charla de unos 20 minutos en el propio museo, utilizando para la explicación la sala del museo dedicado a la evolución de Daimiel a lo largo de la historia, desde la prehistoria a la actualidad. En esta charla te explican lo que son las motillas, como se han ido descubriendo y estudiando y las principales conclusiones a las que se ha llegado. La exposición en el propio museo es muy buena, y tiene unas fotos y unas maquetas impresionantes.

A mi personalmente más allá de las motillas (de las que voy a hablar un poco más adelante) me llamó mucho la atención una reproducción a tamaño natural de una falcata.

La falcata es una espada de filo curvado originaria de la Iberia prerromana. Su uso está históricamente asociado con las poblaciones del sureste de la península ibérica durante la conquista de Hispania, donde constituye una de las armas blancas nativas más emblemáticas de la Antigüedad.

En la misma vitrina donde se expone la reproducción de la falcata se pueden apreciar varias puntas de flecha, una fíbula y dos cuchillos, todos ellos fabricados en bronce. Muy curioso es el caso de los cuchillos, que tienen una forma muy curiosa, sobre todo el más pequeño, y que cuando explican el contexto lo entiendes perfectamente.

Una de las cosas que caracteriza la cultura que propició la motillas, que a partir de ahora voy a mencionar como cultura de las motillas es la escasez de objetos de metal encontrado. Y esto se debe a que en la zona donde se desarrollaron los yacimientos de metal eran muy excasos. Los pocos objetos de metal de los que disponían procedian del intercambio en el comercio con otras culturas y por lo tanto eran objetos de muy alto valor. Por lo tanto no podían ser desechados a la ligera, y motivo por el cual los cuchillos que podemos ver en el museo de Daimiel tienen esa forma derivada de los multiples afilados que se les hicieron hasta quedar su hoja reducida a la mínima expresión.

Tras la charla sobre el propio museo se pasa a la visita a la motilla propiamente dicha. Para ello la organización pone a disposición de los visitantes un microbus donde una guía te acompaña al yacimiento para hacer una visita guiada.

Las motillas son el principal legado que nos ha quedado de una cultura que se desarrolló en esta zona de La Mancha en la época del Neolítico (2200-1300 a.C.), concretamente de la Edad de Bronce. Las motillas es como se ha denominado entre la población de esta zona a unos montículos de unos 5 metros de altura y 50 metros de diámetro y que llaman mucho la atención en la llanura manchega.

No ha sido hasta hace relativamente pocos años hasta que se han empezado a excavar y a estudiar cuando se han identificado estos montículos como antiguos asentamientos neolíticos. Al empezar a excavarlos los arqueólogos identificaron que lo que escondían estas colinas no eran otra cosa que asentamientos fortificados que fueron abandonados, que no destruidos, y que al tener los muros muy cerca uno de otros, y tener unas técnicas constructivas poco avanzadas, al poco de de ser abandonadas los muros colapsaron sobre si mismo. El tiempo hizo que la arena y la tierra fueran tapando los muros y formando los montículos que conocemos como motillas.

La Motilla del Azuer es la motilla que más se ha excavado y restaurado y de la que se ha sacado la mayor información, hasta conformar la visión general que tenemos hoy en día. Dada la forma en la que colapsaron los muros sobre si mismos ha permitido a los arqueologos reconstruirla casi como fue en su momento de máximo explendor.

A medida que fue avanzando la excavación se identificó que en el centro de la fortificación existe una torre que domina todo el entorno. Alrededor de esta torre hay un conglomerado de muros que forman un laberinto de pequeños corredores que hace de la motilla una fortaleza de muy fácil defensa ante ataques exteriores.

En una de las zonas más protegidas existen los restos de silos para almacenar grano y los restos de un horno que se ha interpretado como un horno para tostar el grano antes de almacenarlo y darle mayor durabilidad. Los más cerveceros de la visita consultamos si no podría ser un horno para tostar el grano para preparar la malta para fabricar cerveza. La respuesta es que no se han encontrado evidencias que demuestren que en el asentamiento se hubiese fabricado o almacenado cerveza, por lo que no se puede teorizar sobre ello.

La realidad como pasa en este tipo de cosas es que no se sabe para que se usaba el grano que se tostaba en ese horno: se sabe que era un horno de tostar grano porque han encontrado restos de grano y un volumen elevado de cenizas resultantes de la combustión. Todo lo demás son teorías y es posible que próximas campañas desentierren algo que nos de una evidencia clara de para que se usaba el grano tostado en ese horno.

La gran sorpresa que ha dado la Motilla del Azuer es cuando terminaron de excavar en un socavón al pie de la torre y descubrieron lo que era un pozo de agua al que se llegaba a través de un precioso camino de piedra con forma espiral. Una autentica maravilla. Esto es lo que se ha catalogado como el pozo de agua (descubierto) más antiguo de la Península Ibérica.

La visión global del yacimiento en todo su contexto con la información que los arqueologos han ido recopilando en las distintas campañas es la de un asentamiento neolítico de la Edad de Bronce cuyo conjunto se forma de un pozo fortificado con una zona para almacenaje de alimentos, un horno para tostar grano, una gran muralla que lo rodea y una zona de casas y cuadras que rodea toda la fortificación.

Si hacemos zoom-out como si estuvieramos en Google Maps y vieramos el contexto de la Motilla del Azuer, veremos que no es un caso aislado sino que es una motilla más de las 46 que se han identificado en la Mancha. Basándose en catas que se han hecho en otras motillas, los arqueologos estan casi convencidos de que todas tienen el mismo tipo de distribución basada en una torre central y que en todas hay un pozo. Además todas se distribuyen a lo largo de la ribera de ríos y en puntos de bajo nivel freático, donde se podía llegar más fácilmente al nivel del agua de los acuíferos.

La motilla del Azuer se llama así debido a que el río que le da su nombre, Azuer, tiene su cauce seco a pocos metros de la motilla. El río Azuer es un afluente de río Guadiana: vaya cuna de civilizaciones que ha sido este río en la Península Ibérica. Después de la visita que hicimos hace no mucho a la zona de asentamientos tartésicos que por la zona de Badajoz y Huelva no puedo dejar de fantasear, dejar volar mi imaginación y pensar en si los pobladores de la cultura de las motillas podrían ser los ascendientes de los propios tartesos, y siguiendo las teorias más imaginativas parientes de los mismísimos atlantes.

Lo que sí que queda más claro por todo el contexto que tenemos de la cultura de las motillas es que la formación de esta cultura esta relacionada con una época de sequía y escasez que hizo que los habitantes de esa zona tuvieran que fortificar los pozos de agua y el almacén de alimentos para protegerse de los ataques de no se sabe muy bien quien. Esto para mí es un Mad Max de la prehistoria, y es simplemente apasionante.

La visita a la Motilla del Azuer nos dejó una sensación muy especial, pasear entre sus muros es una experiencia que se puede acercar mucho a la espiritualidad, según vas entendiendo como se formó y como vivieron las personas que la construyeron. Esta sensación llega a su punto álgido cuando llegas junto al pozo y descubres un enterramiento justo al lado del pozo, que debía ser la zona más importante del asentamiento. Los restos encontrados fueron los de una mujer: ¿La Tina Turner de la prehistoria manchega?

Los que hayáis llegado hasta este punto y sobrevivido a esta chapa habréis intuido que esta visita me encantó. Recomiendo mucho hacer esta visita en algún momento, y además llevar a los niños a visitarla. Es lo suficientemente amena para que lo aguanten bastante bien, y si están estudiando la prehistoria es una forma didáctica para entenderla de forma divertida.

Después de la visita, el microbús nos dejó junto al Museo Comarcal de Daimiel, desde donde aprovechamos para visitar el centro del pueblo. En la plaza descrubrimos que si bien la cabalgata de carnaval de Almagro fue la tarde anterior, en Daimiel era esa misma mañana, así que aprovechamos para pasar lo que quedaba de mañana entretenidos tomando unas cañas y unas magnificas migas manchegas.

Después de comer en la Bicha llenamos de agua en el área de autocaravanas y emprendimos el viaje de vuelta a casa.

Mapa de ruta

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