En autocaravana por las Merindades

Itinerario del viaje
Iglesia románica de Iglesia de Nuestra Señora de la Antigua (S. XII). Butrera. Merindad de Sotoscueva.

"No sabía que íbamos a visitar Rivendel."

Antes de empezar con el viaje en autocaravana por Las Merindades conviene hacer una introducción a la comarca: Las Merindades es una comarca de Burgos compuesta de 26 municipios. Limita al norte y noroeste con Cantabria, al noreste con la provincia de Vizcaya, al este con la provincia de Álava y al sur con varias comarcas burgalesas. Este nombre aparece escrito en el documento fundacional del Monasterio de Taranco, enclavado en pleno Valle de Mena. Esta palabra surge para hacer referencia al conjunto de pequeños territorios situados al norte del Ebro, núcleo originario de Castilla, que se caracterizaba por los abundantes edificios defensivos.

Al ser un territorio de transición geográficamente hablando sus paisajes son muy variados: cordilleras, meseta castellana y valle del Ebro. El resultado es una comarca con una naturaleza sorprendente, multitud de opciones para los viajeros de autocaravana como nosotros y con muchos pueblos encantadores. Para nosotros es el viaje más sorprendente que hemos hecho, muy por encima de nuestras expectativas. Voy a hacer un repaso de los pueblos que visitamos con una propuesta de viaje en autocaravana por Las Merindades para visitar la comarca llegando desde el sur. Nosotros en la mayoría de las ocaciones viajamos desde Madrid.

Noche 1: Oña

Lerma
Salimos desde Madrid dirección Oña. De camino hicimos en parada en Lerma para comprar el pan. Una de las rutinas diarias que tenemos en todos los viajes es comprar el pan y lo que necesitemos para cubrir las comidas del día. Esto cuando estamos viajando en Francia es además un placer, las panaderías francesas son una delicia, pero eso es otro viaje… En este caso aprovechamos la parada para dar una vuelta por el pueblo. Nos pareció un pueblo bonito pero sin más. De lo que vimos en nuestro paseo destacar una casa donde vivió en su juventud el escritor Don José Zorrilla, la Iglesia Colegial de San Pedro Apstol y el Parador de Lerma.

Oña

Oña no pertenece a la comarca de las Merindades, pero llegando desde el sur es un lugar ideal para hacer la primera noche. Nosotros llegamos a mediodía despues de una pequeña parada en Lerma.

El área de autocaravanas está muy cerca del centro pero no es de las mejores en la que hemos estado. Hay 3 plazas con posibilidad de descargar aguas grises y enganchar la manguera para llenar agua. Se supone que también se pueden vacíar las negras… Digo que se supone porque no hay un lugar claramente indicado, y vaciar las grises es casi imposible. Dada la circunstancia y que había muchas dudas de que otros compañeros vaciaran el poti cerca de la toma de agua decidimos ese día no hacer aguas y esperar encontrar un lugar más apropiado. Se agradece que los ayuntamientos piensen en nuestra forma de viajar, pero hay que decir que el área de Oña es mejorable en cuanto a los servicios. En estos casos es muy recomendable que los ayuntamientos contacten con asociaciones de autocaravanismo que les dicen como hacer unas instalaciones prácticas y probablemente con menos inversión que la que ha hecho el ayuntamiento de Oña.

Después de comer en el área nos dispusimos a visitar por la tarde Oña. Una muy grata sorpresa. Lugar muy recomendable para visitar. El pueblo en sí es muy recogido y muy cuidado, todo empedrado y la plaza muy bien mantenida.

En este pueblo destaca por encima de todo el Monasterio de San Salvador de Oña. A lo largo de su historia, el Monasterio de San Salvador ha pasado por diversas vicisitudes pero, podemos afirmar sin equívocos, que hablar de este oniense monasterio es hablar de la historia de Castilla, pues, este milenario monumento ha estado fuertemente vinculado a la realeza castellana desde el siglo XI.

Actualmente, entre sus muros se encuentra la Iglesia Parroquial de Oña, y en ella es posible contemplar el panteón aristocrático de nobles y magnates castellanos de remota memoria: por ejemplo, se afirma que fue el mismísimo Cid Campeador, don Rodrigo Díaz de Vivar, quien trajo hasta este templo los restos de su malogrado rey Sancho II el Fuerte, tras perecer asesinado en el sitio de Zamora, para que aquí yacieran; también aquí se encuentra sepultado el rey Sancho III el Mayor, que aunque rey de Navarra, a través de su matrimonio influyó decisivamente en el devenir de la monarquía castellana.

En la parte de atrás del monasterio se puede visitar el Jardin Secrero de Oña, que vienen a ser los antiguos jardines del monasterio. Lo más curioso es un canal que hicieron los monjes para su disfrute en sus paseos. El canal se alimenta de un manantial natural que da un agua cristalina que se puede apreciar paseando a su lado. Dicen que en el mayor de los estanques había una barca que los monjes usaban para remar. Hoy en día hay una piscifactoria de truchas que se animenta de las aguas del manantial.

Desde los mismos jardines empieza una ruta circular por los terrenos del monasterio bordeando el antiguo muro que lo guardaba de ataques y saqueos. Es un paseo muy agradable por la naturaleza y desde arriba de la colina hay unas vistas muy bonitas del monasterio y del pueblo de Uña. Ya volviendo al monasterio estaba poniendose el sol y nos encontramos sin esperarlo uno de esos momentos «mágicos». Una parte del monasterio fue transformado en manicomio en 1968, hoy en día ya en desuso. Hay muchas historias alrededor de este sanatorio mental, y sin entrar en detalles de ninguna de estas historias puedo asegurar que pasear por esos callejones en ese momento en el que el sol se está poniendo, viendo sus cristales rotos hacia habitaciones oscuras es cuanto menos «especial».

Noche 2: Espinosa de los monteros

Al dia siguiente toca madrugar y desayunar fuerte, va a ser un día intenso, de lo que nos gustan cuando estamos de viaje y tenemos muchas cosas por ver. Continua el viaje en autocaravana por Las Merindades.

Cascada del Peñón

Vamos a noreste rumbo a Pedrosa de Tobalina para ver la Cascada del Peñón. Personalmente no me gustó nada, está todo muy urbanizado, y en la propia cascada se ven bloques de hormigón. Para mi ha perdido todo el encanto que pudo tener en su momento. Este es uno de esos parajes que yo denomino como «parque de atracciones».

Medina de Pomar

Después del desencanto de la Cascada del Peñón partimos con la ilusión intacta y con ganas de ver conocer lugares con pintorescos de las Merindades. Llegamos a la que se considera la capital de Las Merindades: Medina de Pormar. Aparcamos en las afueras de la población y nos disponemos a visitar el pueblo.

En el centro del pueblo nos encontramos con el Alcázar de los Condestables de Castilla, edificio palaciego y defensivo del siglo XIV. Está totalmente restaurado con muy buen gusto y en su interior se encuentra el Museo de Las Merindades. Como estaba lloviendo decidimos pagar la entrada y visitarlo (precio de la entrada 3€ por adulto). Viene a ser un museo etnográfico de Las Merindades con recreaciones de como vívian los pobladores en las distintas épocas.

Al salir del museo recorrimos el pueblo siguiendo la ruta de las manzanas: 12 manzanas escondidas por el casco histórico. Jugando con Martín a encontrar todas visitamos todos los rincones con encanto del pueblo.

Monumento natural de Ojo Guareña

Despues de comer en Medina de Pomar y hacer vaciar aguas y llenar el deposito de aguas limpias en el área de autorcaravanas de pueblo partimos en dirección al que probablemente sea el monumento natural más conocido de la comarca: Monumento natural de Ojo Guareña.

Ya cuando te estás acercando te das cuenta de que no es un entorno normal. Nosotros nos acercamos desde el sur y notas como de repente la carretera se corta. Como íbamos en una epoca de poca afluencia de turismo enseguida vimos un sitio perfecto para dejar la autocaravana. Según nos acercamos andando vemos un camino bien pavimentado y protegido con vallas de madera que baja por la ladera de la montaña a lo largo de una ladera muy pendiente. El entorno esta muy cuidado y merece mucho la pena la visita. Destacan dos puntos de interés: Cueva ermita de San Bernabé y el sumidero del rio Guareña. Imprescindible la visita si pasas por la comarca en tu viaje en autocaravana por Las Merindades.

Espinosa de los monteros
Llegamos a media tarde a Espinosa de los Monteros. Como viajabamos en Diciembre en plenas Navidades ya se estaba poniendo el sol cuando llegamos al área de autocaravanas del pueblo.

Desde aquí queremos hacer una mención muy espeacial al área de autocaravanas de Espinosa de los Monteros. Un 10. Zonas para aparcar de cesped pero con pavimento de losas para aparcar sin problemas. Al lado de un parque con merendero, barbacoas e incluso un horno de leña. Servicios gratuitos. La tenemos apuntada para volver en en primavera o verano. Bravo por el Ayuntamiento.
El día había sido muy ajetreado pero todavía teníamos bateria para una paseo nocturno. El centro está como a 10 minutos andando desde el área. El centro es bastante bonito con su plaza presidida por la Iglesia de Santa Cecilia. Destacar una panadería tradicional que está justo en los bajos de la Iglesia: buen pan y unos hojaldres muy ricos. En uno de los laterales hay un gastrobar llamado Tu Casa donde nos tomamos una cañita de Estrella de Galicia y un pinchito de Morcilla de Burgos que después del día tan movido nos supo a Gloria. El cansancio se fue adueñando de nosotros y volvimos recorriendo las callejuelas del pueblo, decubriendo fincas de huertas tapiadas donde se adivinaban entre las penumbras grandes casas señoriales. Llegamos a la Bicha, preparamos algo de cena y jugamos a algún juego de mesa antes de ir a dormir.

Noche 3: Frías

Toca despertarse pronto, desayunar fuerte con vista a las montaña entre la bruma y hacer las aguas antes de seguir nuestra ruta por las Merindades. Ya estabamos cautivados por esta comarca pero nos quedaba todavía sitios muy mágicos que conocer.
 Puentedey

La ruta que nos marcamos durante la cena en Espinosa de los Monteros en nuestro viaje en autocaravana por Las Merindades tenía una primera para en Puentedey, pero un último vistazo al mapa durante el desayuno me convenció de hacer una parada previa para dar otra oportunidad a una cascada: Cascada de la Mea. La ruta nos llevó por una carretera comarcal muy rural, estrecha pero sin ningún problema para la Bicha, las carreteras que nos gustan recorrer. Llegamos a un punto en el que un cartel marcaba el sendero que lleva a la cascada, aparcamos en un lado, nos calzamos las zapatillas de trekking y nos dispusimos a recorrer el sendero que partía hacia la base de una pared vertical de roca caliza atravesando un bosque bajo de hayas.

El sendero corre al lado de un arroyo, que estaba seco, las señales no eran muy alagüeñas otra vez, despues de 5 minutos caminando empezamos a escuchar un reguero de agua a nuestra izquierda, algo de agua ibamos a ver. Al llegar a la base de la pared divisamos la cascada, y nos dimos cuenta de porque se llamaba la cascada de la Mea. Literalmente es un chorrillo de agua que cae por la pared. Mojamos la manos despues de observar el paisaje y volvimos la Bicha para partir hacia Puentedey. No teníamos mucha suerte en este viaje con las cascadas. Ese mismo día cambiaría nuestra suerte.

Puentedey es un pueblo precioso y muy pintoresco, en una curva del rio Nesla el río ha agujereado una gigantesca roca perforando un tunel natural. El pueblo está caprichosamente construido sobre esa gran roca. Un lugar precioso con unas vistas inmejorables. Otro imprescindible de las Merindades.

Villavascones de Bezana

Ponemos rumbo a Villavascones de Lezama. Lugar de donde sale una ruta senderística que lleva a las Cascadas de las Pisas. Aparcamos en el parking de las cascadas, un pequeño parking que en época de mejor tiempo debe quedarse muy corto. Desde ahí contínua la carretera por una cuesta abajo muy pronunciada y llegamos a Villavascones de Lezama, una aldea enclavada en un bosque con una hermita preciosa. Justo al lado de la ermita parte el sendero que lleva a las cascadas, el camino no es muy largo pero hay que subir una colina a la ida y a la vuelta que te da un pequeño calentón. El paseo merece mucho la pena, es un sitio mágico. Un bosque profundo con un río serperteando entre los árboles. Las cascadas, por fín, tenían mucha agua. El camino lo compartimos con un matrimonio que iban a caballo.

El olor y la energia que desprenden este tipo de parajes se te meten muy dentro y eres capaz de revivirlo cuando vuelves a ver las fotos.

Despues de un rato observando este mágico paraje emprendimos el viaje de vuelta a la Bicha. Ese día comimos en el propio parking de las Pisas. Los macarrones que más voy a recordar en mi vida, jajajajaja.

Orbaneja del Castillo

Después de dar buena cuenta de los macarrones salimos hacia Orbaneja del Castillo. Si soy sincero yo no tenía muchas ganas de hacer esta parada. Queríamos hacer noche en Frías y esta parada nos alejaba del destino del día. Rocío tenía muchas ganas de ir y allí partimos finalmente. Si buscas por internet sobre Orbaneja del Castillo, la foto típica es una cascada que baja desde el pueblo, dado el éxito que teníamos en este viaje con las cascadas las expectativas eran poco alagüeñas.

Llegamos a eso de las 16:00 y aparcamos en uno de los parkings al lado de la carretera a unos cientos de metros del pueblo, en el pueblo no se puede aparcar. Nos acercamos andando al pueblo por la carretera. Según nos acercamos apreciamos que la carretera pasa por un puente para salvar un arroyo. Dicho arroyo es el que forma la cascada que habíamos visto en las fotos. Precioso. Pero para lo que no estabamos preparados es para lo que pasaba con el arroyo una vez salvaba el puente. El cauce se dividía en muchas pequeñas pozas que iban salvando un desnivel, con pequeños saltos de algua de una a otra poza y un agua de color turquesa. Después de unos minutos de observar con la boca abierta Rocío dijo: «No sabía que esta tarde ibamos a visitar Rivendel». Muy buena definición de lo que descubrimos esa tarde.

 

Si sigues el curso del arroyo hacia abajo ves que va a desembocar en el rio Ebro, de hecho el pueblo se enclava en una de las laderas de un cañón escavado por el Ebro. Si sigues el curso del Ebro hacía arriba llegas a unas escaleras que suben hacia el pueblo bordeando la cascada. El pueblo es pequeño pero con muchisimo encanto, todo de piedra. Una de las cosas que más nos llamaron la atención es descubrir que el arroyo que forma la cascada surge de una cueva en la misma plaza del pueblo y que pasa por un canal dividiendo la plaza en dos.

Después de pasear por el pueblo, que estaba casi vacío y disponible para nosostros debido a las fechas, bajamos al parking y partimos hacia Frías para hacer noche y visitar el pueblo al día siguiente.

Iglesia románica de Crespos

De camino a Frías como siempre llevamos Google Maps puesto con la ruta. Me gusta porque te vas haciendo una idea de como es la carretera que viene por delante y vas viendo puntos de interés de los lugares por los que pasas. Una de las cosas que más me llama la atención es cuando marcan iglesias románicas. Esa tarde ví señalizada la Iglesia románica de Crespos y decidí hacer una parada para echar un vistazo. Rocío y Martín estaban cansados, hacía frío y amenzaba lluvia y decicieron esperarme en la Bicha. Que iglesia más bonita, está como enclavada en mitad de la hierba. Te absorbe y se lleva toda tu atención y casi la puedes visualizar hace ocho siglos erguida en mitad de bosques burgaleses entre la bruma.

Frías
Llegamos al área de autocaravanas de Frías ya sin sol. El área está situada en una explanada a las afueras de Frías, pero con servicios de vaciado y llenado, buenas vistas del pueblo y muy cerca del pueblo. Cuesta 6 € la noche a abonar en la oficina de turismo que está situada al lado de la puerta del castillo, en lo más alto de la colina donde se asienta esta hermosa ciudad, porque sí, Frías es una ciudad, la más pequeña de España. Ir al pueblo desde al área es un agradable paseo cuesta arriba. Cerca del área hay un lavadero medieval que merece la pena ser visitado.

Nada más llegar me puse el abrigo y me fui a hacer una visita nocturna mientras Rocío y Martín se quedaban echando una partida a The Island. Al día siguiente amaneció cubierto de niebla. Nos dispusimos a visitar el pueblo mientras la bruma se iba levantando, como en un cuento. A destacar de Frías lo bien cuidado que está el pueblo, la esplanada de arriba con la Parroquia de San Martín y el castillo de Frías, unidos por una explanada de hierva y un pavimento de piedra cuidado a capricho. Nos gustó mucho la explanada justo en frente de la parroquia, nos pareció el lugar donde se celebra la fiesta del pueblo. Otra de las cosas curiosas del pueblo son las casas colgadas, personalmente me gustaron más que las archiconocidas de Cuenca. Desde la torre del castillo hay una vistas preciosas del pueblo y del puente de Frías sobre el río Ebro.

Despues de la visita tocó empezar el viaje de regreso a Madrid. El viaje en autocaravana por Las Merindades nos ha dejado huella y lo tenemos marcado en la agenda para volver próximamente.

Mapa de ruta

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Galería de imágenes

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